





Achu con su máscara de madera o yeso, representa al hombre blanco, concretamente al español y son los bufones de la fiesta.
Lugar: San Ignacio de Moxos

El relato
del Jukumari, el Hijo del oso, es una de las narraciones más conocidas en el
área andina, a fe de las incontables versiones halladas en las distintas
regiones, desde la colonia hasta el presente. Entonces, ¿qué es lo que nos
comunica este cuento?
Es posible que este género, centrado en el rapto de una muchacha por un oso y
el desenvolvimiento de las consecuencias de la relación entre ellos y el
producto (que es fiera por parte paterna y cristiano por la materna) tuviera
sus orígenes en algunos acontecimientos reales. El cronista Cabello Valboa
menciona (en su Miscelánea Antártica, escrita a mediados del Siglo XVI) dos
raptos de un chica por un oso, habidos respectivamente en las provincias de
Carangue y los Paltas, en la audiencia de Quito; asimismo habla de una Yndia
preñada de un oso. En ambos casos, la chica dio a luz a un monstruo que murió
pronto2. También Morote Best, en su Aldeas Sumergidas, se refiere a Fray
Reginaldo de Lizarraga que cita relaciones entre osos y mujeres en el Siglo XVI
en territorios que hoy son parte de Bolivia; menciona además a José Ignacio de
Lecuanda que relata experiencias parecidas en el Partido de Piura, a fines del
Siglo
A nivel más
popular, existen narraciones parecidas recopiladas por diferentes
folkloristas4, aunque no se detienen en señalar dónde las recogieron, puesto
que, en sus manos, el cuento del hijo del oso sale del contexto social y
cultural para insertarse en una literatura juvenil y folklórica más difundida.
Inclusive, una versión de Juan el oso se incluye en uno de los textos de la
reforma educativa actual5. Pero, a pesar del siempre mayor grado de
folklorización del tema, también existen a nivel escrito ejemplos de algunas
narraciones del cuento, realizadas dentro de su propio contexto, como el de la
niña Elvira Espejo en su Jichha nä parlt\'ä (1994) y del joven Milán Espejo6.
En todos estos casos, si bien muchos estudiosos sostienen que los orígenes de
este género literario son ibéricos, de la sierra de los Pirineos7,
evidentemente se nutren también de la experiencia específicamente andina de
encontrarse con el oso andino, el llamado \"oso de anteojos\" o
Jukumari (Lat. Tremarctos ornatus) en el terreno andino equivalente. La misma
apariencia de este oso puede haber dado origen a su nombre; el término aymara
jukumari podría derivar del aymara juku (búho), puesto que hay un parecido
entre el búho de ojos grandes con los ojos falsos (anteojos) que tiene el oso

Los conquistadores no encontraron las fabulosas riquezas de El Dorado, pero, a cambio de ello, decidieron convertir a la fe cristiana a todos los pueblos dispersos que habitaban la región. Fue así que a partir de la segunda mitad del Siglo XVII, la llanura cruceña se convirtió en tierra de Misiones que fueron fundadas por Jesuitas y Franciscanos.
He aqui una representacion del arte indijena de las misiones







